- Había una vez una historia con doce finales -
Y una chica con cintura de reloj de arena,
y ojos color tiempo
que solo quería arrastrar el calendario hasta su cama,
y llenarlo de orillas.
Que ya estaba aburrida
de horas que pasaran volando por sus caderas,
y nunca se quedaran a dormir.
Y de que su cuerpo tridimensional de vidrio transparente
le diera la vuelta una y otra vez
a todos los versos
que hablaban
de amor.
Que estaba hasta la cúpula
de que nadie la entendiera.
Que ella no quería más segundos mentirosos,
ni tampoco más minutos de esos que
pasaban
y hablaban,
pero no decían nada.
Pobre ilusa, pobre tonta, pobre incrédula.
Que no quería que le contaran,
que quería que la besaran.
Que soñaba con romperse de una maldita vez
en una de estas vidas
abrazarse al mar,
y convertirse en playa.
