Tu, que no sabes dibujar mi cuerpo y me lo empapas de saliva.
Tu, que me andas siguiendo desde que me escondí en todas tus huaridas, ¿a donde crees que no vas?
Escuchame o mirame: no.
Vas a dormir desde donde se escuchen mis gritos, cuando tengo frío y se que quieres derretirme. Cuando vengo a cobrarme abrazos hablando de arte y tu te ríes.
Cuando me miras, y no se que decir, y junto palabras que huelen a tu ropa, como ahora.
Me sangra una uña, y no voy a enfadarme.
Llegas tarde por que he robado todos los relojes de tu calle.
Para que siempre tengas prisa por venir.